Hubo una época en la que el límite de la ciudad estaba
claramente definido por la sólida presencia de sus murallas. Con la pérdida de
su función defensiva éstas fueron demolidas y el progresivo crecimiento urbano
fue extendiéndose extramuros.
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| Plano de Logroño (Fco. Coello. 1851) |
A finales del s. XIX los Planes de Ensanche definieron unos
nuevos perfiles urbanos a través de las alineaciones de una retícula que ocupó
todo el suelo proyectado. A ellos se fueron añadiendo otras barreras (trazados ferroviarios, rondas, carreteras de circunvalación, etc.) que fueron superadas
progresivamente.
El crecimiento de la ciudad con edificaciones aisladas parece
seguir, con menos densidad, un modelo de
ocupación similar, eso sí con más espacios libres, pero sin resolver la
relación entre unos territorios, ciudad y campo, tan diferentes y tan próximos.
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| Logroño desde el sur (Foto: J. M. León) |
Sus bordes parecen cortados por un afilado
cuchillo y en su contacto se producen zonas de fricción. Al otro lado del ladrillo, del hormigón y del
asfalto se encuentra la tierra fértil que esforzados agricultores trabajaron
desde hace décadas y algunos voluntariosos todavía lo hacen.
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| Logroño (Foto: J. M. León) |
En general, la ciudad se entrega torpemente, con más desidia que ignorancia, con calles en estado interruptus
como si hubiésemos llegado a un “finisterre”, o sin más aprecio por la ciudad
que permitir a los coches volver sobre sus pasos, obviando lo que ocurre al
otro lado.
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| Valdegastea. Logroño (Foto: J. M. León) |
Un paisaje natural progresivamente ocupado hasta no hace
tanto por huertas y sus casetas de aperos, granjas y las viviendas de quienes
las atendían, incluso con algunos pequeñas industrias, y con muchos caminos que daban acceso a
este variopinto mundo.
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| Edificación agrícola al borde de la ciudad. Logroño (Foto: J. M. León) |
Pero este paisaje característico de las zonas más próximas a
cualquiera de las ciudades o conurbaciones en las que vivimos también ha ido transformándose.
Las expectativas inmobiliarias generadas por la progresiva
ocupación del suelo agrícola han motivado en muchos casos el abandono del cuidado y cultivo de las fincas colindantes, dejando el terreno baldío donde crecen
las hierbas, las acequias se han secado y languidecen las construcciones semiarruinadas.
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| Logroño. Vivienda y edificación industrial abandonada (Foto: J. M. León) |
Si bien en numerosos casos se han creado huertos urbanos en las periferias e intervenido sobre espacios sin uso en el interior de la ciudad creando pequeños "parques agrícolas", en general queda pendiente como resolver el encuentro de lo urbano con su entorno.
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| Huertos urbanos en la ciudad. Barcelona (Fuente: El Periódico. Foto: E. Fadrique) |
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| Detroit. Una manzana residencial arruinada transformada en un parque agrícola. (Fuente: yesmagazine. Foto: M. Gerard) |
Imágenes como éstas, a
las que se pueden añadir otras como las del discutido plan
“Sociópolis” en Valencia y las que a buen seguro se están gestándo en
numerosos estudios, debieran estar presentes en la reflexión y debate sobre cómo
queremos que nuestras ciudades convivan con lo rural y lo natural, diluyendo
sus rígidos límites y produciendo una activa permeabilidad entre ellos.
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| Ilustración del Plan Sociópolis. Valencia (E. Guallart arqto. 2005) |