lunes, 25 de enero de 2021

Y la ciudad al fondo

 

La presencia de la ciudad en la historia de la pintura ha sido habitual, incluso a veces como protagonista casi absoluta.

Pero también se ha mostrado cumpliendo un papel en apariencia totalmente secundario como fondo del cuadro. La profusión de obras artísticas que desde comienzos de la Edad Media hasta el siglo XVIII la han incorporado como tal testifica su importancia en la composición final. 

"San Magno". Cripta Catedral. Anagni. Italia (c. 1230)


Resulta interesante observar como a lo largo de los siglos XV y XVI,  detrás del despliegue narrativo de cualquier episodio sea  religioso o profano, aparece la ciudad no sólo como una silueta lejana, en ella se distinguen sus templos, palacios y casas, incluso si se trata de una evocación a la ciudad antigua. 

"La Visitación" (J. Daret c. 1434)

"Eva Prima Pandora" (J. Cousin. 1559)

Durante siglos el número de obras con temas religiosos será abrumador respecto a cualquier otro asunto, fruto de los numerosos encargos que reyes, nobles y la propia Iglesia realizan para acondicionar los templos o los salones de sus palacios.

El nacimiento y la muerte de Jesús seguramente son los argumentos más recurrentes y en sus cuadros se aprecian ciudades de trazados y arquitecturas perfectamente reconocibles.

"La Natividad". Fragmento retablo Bladelin (R. van der Weyden. 1450)

"Cristo en la cruz con María y san Juan" (1445. R. van der Weyden)


Y si generalmente la referencia urbana suele ser estática, a veces es evidente la voluntad por enlazar el fondo con el primer plano mediante los personajes de la narración, lógicamente sometidos a las leyes de la perspectiva y de la escala, creando así otra pequeña historia y aportando dinamismo a la escena.

"Oración en el huerto" (A. Mantegna. 1455)


En otras ocasiones la ciudad es representada desde un singular punto de vista como lo hace Mantegna con el antiguo puente de san Giorgio que unía el castillo ducal de los Gonzaga con la ciudad de Mantua. 

"Tránsito de la Virgen" (A. Mantegna. c. 1461)


Su lejana presencia aparece a veces como contrapunto, por un lado entre el tiempo del motivo principal, generalmente la antigüedad, y el de la ciudad que corresponde al momento en que se pinta el cuadro, y por otro entre la importancia y tamaño del motivo principal y el papel secundario de aquella. 

"La torre de Babel" (P. Brueghel el Viejo. 1563)


La referencia al pasado recorre la historia del arte con profusos detalles de edificios en ruinas o difuminada por la distancia, como forma de contextualizar el motivo ilustrado y evocar su esplendor perdido.

"San Sebastián" (A. Mantegna. 1480)


La realización de las vedute, imágenes panorámicas muy demandadas en el siglo XVIII como recuerdos del viaje o estancia en una ciudad supondrá un importante cambio en la representación de la ciudad en el cuadro. Ésta dejará de estar simplemente al fondo para ocupar toda la superficie del lienzo.

"El Gran Canal y la Iglesia de Santa María de la Salud" (Canaletto. 1725-30) 


Y cien años después G. Doré (1832-1883) y C. Monet (1840-1926), en 1872 con miradas y técnicas bien diferentes, ilustran dos nuevas corrientes artísticas. En la obra de uno el personaje mira de frente a una extraña y lejana ciudad mientras que en la del otro ésta, apenas visible, trata de salir de la niebla. 

"A London pilgrimage" (G. Doré. 1872) y "Impresión, sol naciente" (Monet. 1872)


Pero será con la llegada del siglo XX cuando el papel de lo urbano en la obra de arte sufra una transformación total. Con la incorporación de la fotografía y el cine y fruto de las nuevas actitudes estéticas, la ciudad cobrará vida compartiendo protagonismo con motivos y argumentos.


Si te interesa este tema puedes ver:

https://laciudadvisitada.blogspot.com/2020/04/la-ciudad-pintada-en-el-trecento-y-el.html

https://laciudadvisitada.blogspot.com/2019/04/la-ciudad-de-la-pasion.html

https://laciudadvisitada.blogspot.com/2018/12/arquitecturas-de-belen.html

https://laciudadvisitada.blogspot.com/2018/09/la-ciudad-lejos-y-cerca.html

lunes, 18 de enero de 2021

Esperando el autobús


Una parada de autobús es algo más que un simple lugar en el que esperar la llegada del transporte público.

En ocasiones son también el testimonio de un planteamiento socio-político y cultural. Su diseño y construcción van emparejados con su papel simbólico como soporte, ya sea de una agresiva publicidad comercial o de consignas ideológicas.

Y también puede ser, como en la Unión Soviética de los años 70, una forma de ocupar el territorio tanto o más que las propias carreteras a las que acompañaban. 

Seguramente en pocos países se haya dado un despliegue tan numeroso y variado de estos elementos nacidos de un ambicioso programa de asistencia al transporte público entre ciudades y centros fabriles que se extendió por todo el país convirtiéndose en lugares de encuentro.

Con sus similitudes y diferencias constituyen un extenso catálogo de mini arquitecturas que han atraído la atención en las últimas décadas de fotógrafos como el canadiense Christopher Herwig, el alemán Peter Ortner, el suizo Nicolas Grospierre o la veterana Ursula Schulz-Dornburg.

Si bien lo que las distingue es su enorme variedad formal hay algunos aspectos comunes que permiten establecer una clara relación entre ellas.

El primero su ubicación, generalmente en el campo, donde su reducido tamaño frente a la inmensidad del paisaje vacío les dota de un aspecto un tanto surrealista, como si de repente hubiese aparecido de la nada una arquitectura urbana desprovista de contexto.  

Erevan-Yegnvard. Armenia (Foto: U. Schulz-Dornburg. 1997)

Charyn. Kazajistán (Foto: Ch. Herwig)

Construidas en los años en que “la carrera espacial” era uno de los grandes retos mundiales para la U.R.S.S. muchas de sus formalizaciones con aerodinámicas estructuras se hacían eco de este anhelo.

Vasylkiv. Ucrania (Foto: Ch. Herwig) 
  
Natsuki. Estonia (Foto: Ch. Herwig)

En otros casos por el contrario se recurrió a sencillos y limpios volúmenes de una rotundidad casi conceptual ensimismados en su propia geometría.

Rokiskis. Lituania (Foto: Ch. Herwig)

Koreiz. Crimea (N. Grospierre)

Pero también incorporaron curiosas fantasías arquitectónicas que desdibujaban el carácter funcional de estos elementos convirtiéndose en llamativos hitos en el paisaje. 

Pitsunda. Abjasia (Foto: Ch. Herwig)
  
Omsk. Rusia (Foto: Ch. Herwig)

Sus airosas estructuras se resuelven con ligeras láminas de hormigón que nacen a veces del plano del suelo o se apoyan sobre singulares pilares dando lugar a expresivas marquesinas. 

 Echiniadzin. Armenia (Foto: Ch. Herwig)

Taraj. Kazajistán (Foto: Ch. Herwig)

Armavir-Yervand. Armenia  (Foto: U. Schulz-Dornburg)

Su decoración, cuando la tienen, va desde la utilización del imaginario espacial a las referencias a la arquitectura tradicional, desde la utilización de motivos populares a la iconografía del estado comunista.

Ianovo. Rusia (Ch. Herwig), Mary. Turkmenistán (Ch. Herwig), Taldykorgan. Kazajistán (Ch. Herwig) y Astana. Kazajistán (Ch. Herwig)


Resulta curioso comprobar que el interés por estas arquitecturas, que pertenecen a un pasado reciente, va más allá de su catalogación o protección.

En la urbanización del Bulevar del Ferrocarril en Burgos realizada hace pocos años por los arquitectos Herzog & De Meuron, se utilizaron casi literalmente varios modelos  de las paradas de autobús existentes en Armenia y fotografiadas por Ursula Schulz-Dornburg en su libro Architectures of waiting

Cuando este dato salió en los medios de comunicación, sus autores comentaron que se habían “inspirado” en ellas. 

Parque de la Nevera. Burgos (Foto DB. P. González. Fuente: Diario de Burgos. 02.02.2012) 

  

Para más información:

Architectures of waiting. Ursula Schulz-Dornburg. Ed. Goethe-Institut, 2006. 

Soviet Bus Stops y Soviet Bus Stops Volume II. Christopher Herwig. Ed. FUEL, 2015 y 2017.

Exposición: Lithuanian Bus Stops. Nicolas Grospierre.









lunes, 11 de enero de 2021

Jugando con la arquitectura

 

Antes de que Le Corbusier escribiese "La Arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz” (Vers une architecture. 1923) la sociedad ya había transmitido a los niños el atractivo de “jugar con la arquitectura”.

Durante generaciones las cajas con juegos de arquitectura o construcción han sido un regalo clásico para los niños el día de Reyes.

Juego de  ARQUITECTURA (Años 50)


Parece ser que fue el pedagogo Friedrich Fröebel (1782-1852), autor del concepto de “educación preescolar”, quien creó y difundió un juguete compuesto por unas pequeñas tablillas de madera con el fin de fomentar la imaginación como recurso educativo.

Caja de "dones" de Fröebel.


La idea era atractiva, apilar y montar más o menos ordenadamente una serie de elementos de forma regular como lo hace la arquitectura, con la ventaja de que el juguete permitía a los niños montar y desmontar constantemente lo realizado para volver a realizar otra casa u otra cosa.

En la primera mitad del siglo XX, a la par que se difundían estos y otras variantes de los tradicionales juegos de construcción, nuevos planteamientos entraban en escena. A partir de los años 20 diseñadores, artistas y arquitectos como J. Hoffman, L. Feininger, J. Torres García, K. Malevich, B. Taut, L. Sutnar o A. Siedhoff-Buscher entre otros, crearon variados y coloristas juegos de piezas de madera introduciendo en el mundo infantil el lenguaje estético de las vanguardias. 

Fabrik (J. Hoffmann. 1920), Baushaus Building Spiel (A. Siedhoff-Buscher.1924), Built the town (L. Sutnar. 1939) y Ciudad de juguete (L. Feininger)


A mediados del citado siglo, se produjo un cambio fundamental en la concepción de los mismos. Por un lado la empresa LEGO (nombre que proviene del danés leg godt, “juega bien”) que inicialmente había producido juguetes de madera, comienza a fabricar de forma industrial pequeñas piezas de plástico encajables, los LEGO Mursten o ladrillos LEGO.

Caja de LEGO y documentación de la patente (1958)


Por otro, el matrimonio Charles y Ray Eames dentro de su variado y prolífico trabajo diseñan  un nuevo juego de construcción, The Little Toy, que alejándose de la literalidad de los precedentes responde a la abierta filosofía de los diseñadores.

The Litle Toy (Ch. y R. Eames. 1952)

En estos últimos años han salido al mercado, bien por iniciativa de sus creadores o convocados por empresas comerciales, numerosos juegos de construcción  de los que muchos de ellos no se sabe si van destinados al disfrute infantil o a rellenar las estanterías de exquisitos adultos. 
En unos reinterpretando modelos anteriores,  
BlockHaus (Z. Miller y D. Goodman. 2008) y Blockitectute Garcen City  (J. Paulius. 2016)  

en otros elaborando cuidadas maquetas arquitectónicas para servir como casas de muñecas, 
Electra House. (Adjaye Associates. 2015. Foto T. Butler) y Casa de muñecas (2015)

y los hay que reproducen singulares edificios proyectados por arquitectos contemporáneos galardonados con el Premio Pritzker.
My First Pritzker.  Casa Vana Venturi y Museo de Arte Contemporáneo en NY (Andrea Stinga. 2018)

Incluso la empresa LEGO ha lanzado al mercado la serie Architecture recreando (torpemente) edificios paradigmáticos, como si quisiese corresponder a la importancia que se dice tuvieron en la infancia de arquitectos como Frank Lloyd Wright o Le Corbusier los juegos de construcciones.  

LEGO Architecture. Ville Saboye y Casa de la cascada (2011)

En cualquier caso comparto la duda con quienes plantean si tanto juguete pedagógico proporciona realmente la satisfacción y el aprendizaje que ofrece jugar con el realizado por el propio niño con lo que tiene a su alcance, tal como explica Bernard Rudofsky en The Prodigious Builders (1977) ilustrado con una fotografía de unos niños etíopes que han construido y están jugando con su particular mundo, un pequeño poblado de chozas y corrales.

Imagen de The Prodigious Builders (B. Rudofsky.1977)


lunes, 4 de enero de 2021

Arquitectura para después de la pandemia

 

A lo largo de estos tiempos de zozobra sanitaria se ha dicho y escrito mucho sobre la arquitectura que la nueva situación creada por el corona virus demanda.

Viviendas más grandes, espacios interiores polivalentes, más ventilación y soleamiento, más y mayores terrazas, mejor aislamiento, etc. son aspectos que se repiten como un mantra en todo tipo de entrevistas y artículos.

Sin entrar en el tema fundamental del derecho a una vivienda digna, sea en tipologías compactas o en conjuntos de unifamiliares, de compra-venta o de alquiler, de promoción pública o privada, de sus características y financiación, conviene recordar que muchos proyectos y realizaciones han planteado hace años respuestas a temas similares sin estar inmersos en una pandemia.

Un ejemplo es la propuesta, afortunadamente realizada, del equipo formado por los estudios de arquitectos Anne Lacaton & Jean-Philippe Vassal, Frederic Druot y Christophe Hutin que ganó en el año 2011 el concurso para mejorar la calidad de 530 viviendas HLM (Habitation à Loyer Modéré), la variante francesa de la vivienda social de los años 60 del siglo XX, en Burdeos.

Estado anterior del edifico HLM en Cité-du-Grand-Parc. Burdeos (Foto: Fh. Ruault)


La propuesta consistía en añadir una nueva pieza de casi 4 m. de anchura a la edificación existente que actuaba en tres frentes: mejora de las condiciones de habitabilidad -especialmente su aislamiento-, aumento de su superficie con una pieza polivalente –interior/exterior-, y cambio de su formalización arquitectónica.

Esquemas antes y después de la ampliación

Esta pieza que recorre todas las fachadas a las que daban las cocinas y los comedores-estar, además de algún dormitorio, se concibe como un mecano de elementos prefabricados, pilares, y losas cuya construcción no exigió el traslado de los vecinos a otro alojamiento mientras duraron las  obras. 

Imágenes del proceso constructivo y módulo piloto


El resultado así conseguido se distribuye en un generoso espacio que actúa como ampliación del espacio interior, cerrado con un acristalamiento ligero y plegable, y un  balcón corrido. La relación con la construcción existente se hace sustituyendo las antiguos ventanas por una nueva carpintería acristalada que aumenta la comunicación de lo existente con lo añadido.

Esquemas de distribución de una vivienda según el Estado anterior y la Propuesta (Documentación arqtos.) 


Esta solución permite con el buen tiempo disponer de una magnífica terraza, abriendo las correderas entre el balcón corrido y la galería a la que ventila la zona estancial, y cuando hace frío, a poco que le dé el sol este espacio actúa como un colchón y acumulador térmico, convirtiéndose en “un jardín de invierno interior” en palabras de los autores, aumentando el aislamiento y confort de las piezas interiores.

Variantes del nuevo espacio añadido a las viviendas (Fotos: Ph. Ruault y otros)

Exteriormente los edificios estrenan fachada. La densidad y rigidez compositiva de las mismas se aligera con los nuevos paños acristalados y sus cortinas térmicas dando lugar a una nueva formalización.   

Detalle de la fachada anterior y la nueva (Fotos: Ph. Ruault)

La obra realizada consiste, de alguna manera, en una reinterpretación y mejora de las tradicionales galerías acristaladas, características de los edificios de viviendas del “ensanche”. 

El resultado final (Foto: Ph. Ruault)

El proceso desde el recuerdo de lo que había hasta el resultado final fue especialmente valorado por vecinos e instituciones y galardonado en el año 2019 con el European Union Prize for Contemporary Architecture – Mies van der Rohe Award ("Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea — Premio Mies van der Rohe").









lunes, 28 de diciembre de 2020

Inocentes fotomontajes


Si bien se considera que el primer fotomontaje es obra del fotógrafo Henry Peach Robinson (1830-1901), la historia del fotomontaje arquitectónico va íntimamente ligada a las vanguardias artísticas del siglo XX, al collage en pintura y a las enseñanzas y trabajos de la Bauhaus. Seguramente uno de los primeros corresponda a la serie Metrópolis de Paul Citröen (1923) en su época de estudiante en la Bauhaus.

Metropolis (P. Citroen. 1923)

En el camino recorrido por el fotomontaje hasta nuestros días, y en especial en las últimas décadas, han sido numerosos los artistas plásticos, fotógrafos y arquitectos que han creado magníficos ejemplos primero manualmente y en la actualidad sirviéndose del ordenador.

En todos ellos encontramos una  actitud común, pero también sus particulares reflexiones.

Respecto a la primera todos reinterpretan la realidad, o mejor dicho la manipulan.

En cuanto a las segundas, unos buscan crear una ficción surrealista entre elementos opuestos, mientras otros apuestan por la superposición de edificios o de sus fragmentos, más o menos reconocibles, construyendo imposibles arquitecturas. 

Hay quienes parecen dominar las leyes de la gravedad o de la estática estructural y los hay que realizan pequeñas y realistas maquetas para fotografiar irreales composiciones. 

Alguno se considera un “narrador visual y proveedor de hiperrealidades fotográficas reinventadas”, mientras otros son singulares “paisajistas urbanos” que modifican provocativamente la imagen de la ciudad. 

    Scott Muller (1986)                                   Luca Galofaro (1990)                               Victor Enrich (2004)

Dionisio González (2006)                            Philip Dujarin (2007)                            Jean Francois Rauzier (2008)
 

             Estudio MVRDV (2011)                                Beomsik Won (2015)                          Anastasia Savinova (2017)           

     Frank  Kunert (2017)               Mohammad Hassan Forouzanfar (2018)                  Aydin Buyuktas (...)  

En cualquier caso sus autores se mueven entre la realidad  y la ficción y se codean con lo onírico, lo absurdo, lo irreal, lo mágico, lo imposible y lo fantástico, pero su obra no es sólo una imagen que nos llama la atención, su obra como es propio del arte nos propone pensar.

Porque como dice el autor de una de las imágenes, Philip Dujardin, “Parece que todos mis  diseños podrían haberse construido, es sólo que nunca los has visto”. 

Por ello en un día como hoy en el que tradicionalmente se mezcla lo real con lo inventado "La ciudad visitada” se une a esta celebración, en tiempos más bien opacos, con los brillos de unas arquitecturas que en realidad no lo son. 

Bueno, todas menos una, de la que se redactó el Proyecto técnico correspondiente, y que de haberse construido hubiese sido más un desafuero que una inocentada.

A descubrirla estáis invitados y en caso de fallar podréis oír desde la lejanía a sus autores diciéndoos “inocente, inocente …”.

¿Cuál es la imagen que corresponde al único proyecto arquitectónico real que estuvo  a punto de construirse? 

Quien acierte recibirá de premio la suscripción gratuita a la “La ciudad visitada”. 







lunes, 21 de diciembre de 2020

Pintando la ciudad de noche

 

Durante siglos pintar la ciudad de noche no suscitó el interés de los artistas. Es lógico, ¿qué iban a pintar?, ¿La oscuridad, apenas matizada por la luz de las antorchas o de la luna?

Aunque la famosa obra de Rembrandt “La ronda de noche” (c. 1642) no corresponde en realidad a una escena nocturna, determinados pintores de los siglos XVIII y XIX utilizaron frecuentemente y de diferentes formas el contraste entre la luz y la oscuridad, dejándonos notables ejemplos de la ciudad dibujada entre tinieblas.

Los fusilamientos del 3 de mayo (Fco de Goya. 1813)
View of Dresden by Moonlight (J. C. Dahl. 1839)

La llegada de la luz artificial, fuese con lámparas de gas (a partir de principios del siglo XIX) o eléctricas (en las últimas décadas del mismo siglo) supuso una gran transformación socioeconómica, pero también un radical cambio en la vida cotidiana y en la imagen de la ciudad que los artistas percibieron y mostraron a la sociedad.

Una nueva ciudad pautada por la secuencia de las farolas que reproducía, regularizando, el trazado de calles y paseos propiciando su uso, o por lo menos el de los barrios iluminados.

Reflections on the Thames, Westminster (J. Atkinson Grimshaw. 1880)
Boulevard Montmartre, Effet de nuit (C. Pisarro. 1897)

Salpicada por el resplandor que salía de los cafés y  otros locales, pequeños y cálidos refugios, que alumbraban sus alrededores como grandes fanales.

Terrasse de café la nuit (V. van Gogh. 1888) y Bleeker and Carmine Streets (G. Lucks. c. 1915)

Una ciudad que en general parece vacía y oscura, casi dormida como sus moradores, pero que resplandece en la oscuridad creando un difuso halo luminoso a su alrededor.

Picadily Circus (G. Hyde  Pownall. c.1919) y The city from greenwich village (J. Sloan. 1922)

Que sigue viviendo al anochecer en los espacios que crea con las luces y las sombras, a veces salpicados de farolillos, otras enmarcados por la dramática luz de una farola.

Le bal Mabille (J. Béraud. 1880) y Le Louvre la nuit (A. Gierymski. 1891) 

En unas obras en las que se refleja la tensa e intensa vida que se desarrolla en ella con los fuertes colores de la pasión o los fríos tonos de la angustia.

Metropolis (G. Grosz. 1916) y Die Strasse (J. Steinhardt. 1918) 

Una ciudad en la que las farolas, las ventanas de los edificos y los faros de los vehículos componen una auténtica sinfonía lumínica.      

 Le Pont Neuf, la nuit (A. Marquet. 1935) y New York Night (G. O´Keeffe. 1929)  

Y en la que ni la oscuridad ni la iluminación artificial son los únicos protagonistas, como nos lo recuerdan algunos artistas recuperando el simbolismo de la primigenia iluminación nocturna, la luna.

Die Srasse (G. Grosz. 1915) City In Moonlight (L. Feininger. 1916)

Cold City. Fragmento (P. Klee. 1921) y City Night (H. Brodsky. c.1940)