lunes, 23 de diciembre de 2019

El suelo que pisamos. Roma y Fort Amber



Si es frecuente que recordemos muchos de los edificios y lugares que hemos visitado a lo largo de nuestro deambular por la vida, seguro que no nos pasa lo mismo con los pavimentos sobre los que hemos pasado y pisado.

En el mejor de los casos nos habrá llamado la atención el especial diseño de alguno de ellos o el sistema constructivo que da lugar a su fisonomía.

Uno de los ejemplos más interesantes es sin duda el proyectado por Miguel Ángel Buonarotti (1475-1564) en 1537 dentro de la ordenación y renovación de la Piazza del Campidoglio en Roma por encargo del papa Pablo III, y que no será realizado hasta 1940, siguiendo su diseño representado en un grabado de Bartolomeo Faletti de 1567.


Piazza del Campidoglio. Grabado Bartolomeo Faletti, 1567 y Vista aérea (fuente: Lost an art).

Su singularidad reside no sólo en su brillante dibujo sino, y especialmente, en el papel de su motivo geométrico en la ordenación del espacio existente, reforzando la composición y perspectiva de los edificios, a la que acompaña el trazado de la escalera Cordonata Capitalina y la presencia en el centro de la plaza de la escultura ecuestre de Marco Aurelio.

Su forma elíptica, sutilmente  deformada, le dota de autonomía respecto a las alineaciones de los tres palacios a la par que establece una clara direccionalidad hacia el Palazzo Senatorio, rozando suavemente los otros dos situados a ambos lados, recortando con su silueta las plataformas de acceso a los tres palacios.


Piazza del Campidoglio (Foto: A. Azzi) 

En el interior de la elipse se inscribe una estrella de  doce puntas que se prolongan con líneas curvilíneas que se intersecan dando lugar a un elaborado dibujo entrelazado que se resalta con el contraste entre el  adoquín negro y las franjas de travertino.


Piazza del Campidoglio. Detalle (Fuente: matemolivares)

Su diseño ha dado lugar a diversas interpretaciones, desde la representación del cosmos o de la bóveda celeste con referencia a los signos del zodíaco, a la asociación de su importante punto central, la estrella, a la idea del omphalós como centro del mundo.

Y todo ello y más ocurre mientras cientos de personas pisan el pavimento sin percatarse apenas del “mundo” dibujado a sus pies.

Un mundo que encontramos, sin necesidad de establecer comparaciones, en tantas ocasiones que con recursos intelectuales y manuales diferentes, a veces aparentemente más sencillos, nos ofrece la riqueza de la geometría azarosa.


Fort Amber, India. (Foto: J. M. León)


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