lunes, 19 de octubre de 2020

Una mirada (moderna) a la arquitectura industrial

 

La revolución industrial trajo consigo un tipo diferente de edificio, la fábrica, desarrollado a base de nuevos materiales y sistemas constructivos, con generosos espacios para desarrollar su actividad y con la voluntad de expresarse tal cual, como una gran máquina de máquinas.

Desde finales del siglo XIX, pero especialmente a comienzos del s. XX el paisaje periurbano se fue ocupando con naves de fabricación de todo tipo, pabellones de altos hornos, centrales de producción de energía, torres de extracción y depósitos de carbón, elevados depósitos de agua, etc., a los que se añadieron los enormes silos para almacenar el fruto de una agricultura extensiva que se desarrolló en América desde comienzos del siglo XX.

Un duro paisaje que atrajo la atención de las vanguardias estéticas, desde arquitectos a fotógrafos, desde pintores a escritores y que se materializó en proyectos de fábricas como los de Peter Behrens (1868-1940) o Hans Poelzig (1869-1936) entre otros.

  
Fábrica de turbinas AEG. Berlín (P. Behrens. 1910-11) y Fábrica productos químicos. Luban (H. Poelzig. 1911-12)

Pero fueron los segundos en los años 20, quienes mejor transmitieron la estética de estas poderosas edificaciones. Emil Otto Hoppé (1878-1972) y Germaine Krull (1897-1985) exploraron el conocimiento de la arquitectura industrial a través de sus personales ópticas con sorprendentes testimonios que van desde el naturalismo a la abstracción.


Puente-grúa. Rotterdam (G. Krull. ca.1926) y Construcción del  Graf Zeppelin. Friedrichshafen (1928. E. Otto-Hoppe)

Un encargo profesional permitió al fotógrafo y pintor americano Charles Sheeler (1883-1965) desarrollar un magnífico trabajo sobre el Ford River Rouge Complex en Dearborn (Míchigan)en el que el artista reflejó la potente tensión visual de los elementos característicos de esta industria (chimeneas, depósitos, pasarelas, etc.)  

 
 Ford Motor Complex River Rouge. Detroit (Ch. Sheeler. 1927)

En esos mismos años el fotógrafo alemán Albert Renger Patzsch (1897-1966), autor entre otras publicaciones de “El mundo es bello” (1928) se convertirá con su nítida mirada en uno de los precursores de la “Nueva Objetividad” fotográfica, con especial atención a la arquitectura industrial a partir de los años 50.

 

Planta mezcladora y edificio de la mina de carbón. Dortmund (A. Renger Patzsch. ca. 1929 y 1953)

Pero sin duda quien mejor nos han transmitido el interés por estas anónimas y olvidadas construcciones ha sido la pareja Bernd (1931-2007) y Hilla Becher (1934-2015), que con su rigurosa precisión fotográfica y su minucioso trabajo de recopilación e identificación nos han descubierto el “alma” de estos grandes artefactos.

 
Fördertürme, ("Torres de extracción". Bernd y Hilla Becher.196596)

Recurriendo a una visión frontal, y trabajando en días nublados para evitar los fuertes contrastes de las sombras, el matrimonio Becher nos ha legado una exhaustiva colección de colecciones de construcciones industriales de todo tipo, que agrupadas cobran un interés añadido.


Kies und Schotterwerke ("Plantas de grava".Bernd y Hilla Becher.1988-2001)

Unas construcciones que, despojadas de sus funciones por tanta reestructuración industrial, desaparecen paulatinamente ante nuestros ojos, aunque algunas iniciativas desarrolladas en estos últimos años, incorporando sus arquitecturas al ocio cultural, nos permiten seguir disfrutando de su dura belleza ahora domesticada por el murmullo de los visitantes.


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5 comentarios:

  1. Siempre me han atraido esos edificios. Me provocan un morbo frío y por muy modernos que sean siempre me evocan a Dickens. Ya sabes que mis conexiones mentales están distorsionadas.
    Maite S.

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  2. Bueno, mientras sólo sean las mentales no hay problema. Jé, jé, jé

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  3. Ya me puedes perdonar pero estos edificios industriales suelen ser un tanto descomunales, por descomunales suelen resultar orientativos porque nos identifican un lugar, y además suelen transmitirnos que están fuera de lugar.

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  4. Gracias Covier por tu comentario. Por supuesto que son edificios descomunales, como ha sido siempre a lo largo de la historia, como ejemplo una catedral en el compacto y diminuto tejido urbano medieval. Pero no creo que estén fuera de lugar. De hecho estaban, cuando funcionaban, en el lugar adecuado.

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  5. Me impresiona su 'sentido del volumen', por así decirlo, y rememoran en mí las críticas del hilo XIX contra la revolución industrial

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