lunes, 29 de octubre de 2018

La ciudad de los muertos _______________________________________________________

En estos días los cementerios se llenan de flores y visitantes. 

Casi todas las culturas tienen en común el considerar esta vida como un tránsito a “la otra”, y acomodan el paso entre ellas, con profusión de ritos.

La ciudad y la arquitectura, como escenarios de éstos, no podían quedarse al margen y así a los habitantes de la humilde casa  o del palacio les corresponden una sencilla tumba o un espectacular panteón, y a “la ciudad de los vivos” “la ciudad de los muertos”, respondiendo casi literalmente  una a la otra.

La variedad que se da en nuestras ciudades tiene su réplica en la diversidad de nuestros cementerios.

Los hay  de diferentes tamaños, tan pequeños que casi parecen unifamiliares,
Cementerio barrio de Avellaneda. Vizcaya. (Foto: Lurrak estudio. M. Díaz de Rada)
o tan  grandes que disponen de transporte público por su interior.
Cementerio de Montjuic. Barcelona (Fuente: Camping Globo Rojo)
Unos están, literalmente, en la tierra formando parte del bosque,
Cementerio del Bosque. Estocolmo. E. G. Asplun arqto. (Fuente: Oltra Bitácora)
 y otros flotan sobre el agua.
Cementerio Isla de San Michele. Venecia (Fuente: Jos Mad)
Los hay que están perfectamente ordenados,
Cementerio de Highgate. Londres (Foto: E. Valencia)
 y otros que destacan por su desorden.
Cementerio de Santa Rosa. Lima (Foto: AFP)
Unos son absolutamente uniformes, igualando a sus ocupantes,
Cementerio de Serre-Road. Somme. Francia. E. Lutyen arqto.
 mientras otros parecen fruto del “y yo más”.
Cementerio de la Recoleta. Buenos Aires (Foto: P. Forriol)
Los hay que no se sabe si son la ciudad de los muertos o de los vivos, por su intensa ocupación,
Cementerio de Navotas. Manila (Fuente: trajinando por el mundo)
 y otros que no han tenido oportunidad de recibir ese nombre porque no se han utilizado desde que se construyeron.
Cementerio de Finisterra. A. Coruña. C. Portela arqto. (Foto: J. Parri)
Los hay que guardan un discreto anonimato sobre la fe de los fallecidos,
Cementerio de Arlington. WashingtonA (Fuente: surfing the planet)
 y otros que proclaman al cielo sus creencias.
Cementerio del Bosque. Estocolmo. E. G. Asplun arqto. (Foto: C. Castarecha)
Los hay que hacen del color su seña de identidad,
Cementerio de Chichicastenango. Guatemala (Foto A. Viñals) 
 mientras otros son espectacularmente monocromos.
Cementerio de Casabermeja. Málaga. (Foto: J. Nazca. REUTERS)
Los hay que han sido incorporados por la historia y la ciudad como hermosos parques,
Parque de Bonaval. Antiguo cementerio Santiago de Compostela. A. Siza arqto. (Foto: J. M. L.)
y otros que difícilmente lo conseguirán.
Cementerio del Cristo. Villanueva de la Cañada.. Madrid (Fuente: Satán is my Lord)
En unos las tumbas identifican el nivel social de los fallecidos con hermosos rótulos, esculturas y templetes, 
Cementerio de La Carriola. Avilés (Fuente: El Comercio)
mientras ahora abundan los dedicados a los más desfavorecidos, con poco más que un montón de tierra.
Cementerio de emigrantes en Lesbos. Grecia (Foto: M.A. Sánchez-Vallejo. EL PAIS)

En fin, la mayoría de los cementerios comparten similares virtudes y problemas que las ciudades de los vivos porque, al fin y al cabo, sus autores y usuarios son, somos, los mismos.





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