jueves, 11 de enero de 2018

Urbanismo y urbanidad

Nadie duda de la necesidad de un instrumento regulador que contemple el crecimiento de la ciudad, un Plan de Urbanismo que, a modo de reglas de juego, defina lo que está permitido, por qué, dónde y cómo, y asimismo lo que no se puede hacer.

Pero también se sabe de la debilidad de dichos planes ante los intereses de quienes “tuercen”, con interesados argumentos, los planteamientos iniciales en aras del mayor beneficio particular.

Plan Cerdá. Barcelona.1860 (Fragmento)
Por ejemplo, el Plan Cerdá (Plan de Reforma Interior y Ensanche de Barcelona) de 1860, magnífico ejemplo de planteamiento sobre el crecimiento de la ciudad, fue progresivamente modificado, aumentando la edificabilidad privada en detrimento de los espacios libres en el interior de las manzanas y creciendo en altura.

Los planes de “urbanismo” y su gestión, como reflejo del acuerdo entre los Ayuntamientos y los sectores dominantes en el suelo urbano, se han convertido en los principales protagonistas de “la construcción de la ciudad”, a través de un lenguaje cada vez más críptico.

Por ello se hace necesario por parte de la Administración un responsable esfuerzo para integrar en la génesis, debate y difusión de los planteamientos urbanísticos a toda la ciudadanía.

Pero siendo necesario, no es suficiente y cada vez se hace sentir con más fuerza la posición de quienes reclaman un espíritu de compromiso de la sociedad con su ciudad, que se manifieste en una actitud de “urbanidad” entre y con los vecinos, como siempre ha ocurrido en la pequeña, y no tan pequeña, escala urbana.

 
Zapopan (Jalisco. México). Fotos: J. M. L.

Hace unos años, en una pequeña calle del municipio de Zapopan, colindante con la ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco (México), unos vecinos plantaron un árbol que con el tiempo motivó que tuviesen que ampliar la acera. Otros vecinos enfrente, plantaron un arbusto y construyeron un banco adosado a la tapia de su casa para que aquel que desease sentarse, lo hiciese  acompañado por las flores "copas de oro". 

Cualquier Administración, “celosa” de sus competencias, hubiese iniciado los correspondientes expedientes de derribo de lo construido y de sanción a sus autores.

Afortunadamente sus explicaciones fueron entendidas y atendidas, y la calle, con su árbol, su banco y sus flores, es hoy más de todos los vecinos.



1 comentario:

  1. Es un excelente post para reflexionar, pero es bueno no identificar las prácticas atroces del primer urbanismo con las prácticas anárquicas del segundo; el primero está orientado a la obtención de beneficios, el segundo son "indisciplinas" del barrio en el que se vive y sobrevive (en este caso el referido pueblo mexicano); el primero es avasallador, corruptor y corrompible, el segundo es sano, ciudadano y vecinal; el primero está asociado a fuertes intereses económicos, el segundo a las tradiciones y prácticas ancestrales de los de abajo; el primero doblega las leyes, el segundo cree que sembrar un árbol o hacer un banco es “legalmente” natural; el primero destruye el medio en el que se realiza, el segundo convive con el medio y se incrusta en él; el primero arrasa, el segundo crea; el primero hace invivible la ciudad, el segundo es parte de la vida de la ciudad; el primero es artificial, el segundo es natural; el primero es moderno, el segundo creemos que es arcaico. Yo me quedo sin dudas con el segundo, ¿y usted?

    ResponderEliminar